Este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso para fines distintos a los establecidos en el programa.

Hay veces en que uno no tiene nada que decir, y escribir se convierte entonces en martirio. Uno se queda boquiabierto de la continuidad genética del caos. La catástrofe nacional se lleva en estos días con un pasmo insoportable. Tener esperanza es un lujo soporífero, tal como hace algunos años –en el sexenio de Salinas de Gortari— la solidaridad se convirtió en un asunto de proximidades sospechosas. Y entonces uno busca su inspiración en donde sea.

He vuelto a ver televisión para entender al país, para tratar de conectar con la imaginación colectiva. Pensé que los nuevos tiempos, la competitividad, la apertura del mundo, habrían traído nuevos aires a las historias insustanciales de antaño. Qué ingenuidad. Desde hace tiempo sabemos que la televisión muestra programas de comportamiento que sustituyen (y minimizan) las posibilidades de la vida diaria. La narración se conforma ahí en ficciones garigoleadas que de repente van al grano, que simplifican las acciones para el consumo acelerado. Sabemos también que la vida política del país es desde hace varios años una telenovela de desenlaces conocidos, pero aún así nos disponemos próximamente a elegir al primer actor de la nación. Lo que quizá no sabíamos es el estatuto que esta conciencia alcanza entre la clase gobernante, al punto de situarse ya como agenda de operación nacional. Nada más hay que citar al encargado de la educación del país, que ya encauza la política de construcción de subjetividades a través de la caja “tonta, que bien vista puede ser la más lista”. Hace unos días, el secretario Alonso Lujambio declaró que las telenovelas son un “instrumento poderoso” para abatir el rezago educativo y el analfabetismo. En términos neutros, la idea debería debatirse con cierta seriedad. Es cierto que la imagen en movimiento tiene una capacidad pocas veces disputable en términos de la influencia sobre las mentalidades. Opera en ella una mimesis intensa que facilita la introducción de modelos y esquemas de fácil apropiación y reproducción a niveles masivos. Pero si un personaje del gobierno reconoce, aunque sea someramente, esta capacidad tan eficaz, ¿por qué no proponer la televisión como un instrumento de prioridad nacional para la emancipación colectiva? ¿Por qué no enfocar la reconstrucción del alma del país a través de la producción de programas adecuados que utilicen el espectro de ondas que ya es de todos modos un bien público de la nación? La respuesta también la sabemos: el interés no es educar para la libertad, sino para la programación ideológica que prefigura la aceptación de la realidad como se propone desde arriba. Y por si fuera poco, hacerlo sin molestar los intereses de los interesados. Por eso es claro que en el mismo escenario de aquella declaración, el secretario de educación le entregara uno de los premios del Compromiso con el Futuro de México al productor de telenovelas Juan Osorio, quien tiene en su haber varias joyas de la televisión mexicana que le merecieron elogios del titular de aquella dependencia (según Wikipedia, en donde Osorio cuenta ya con una entrada, se hallan entre sus logros: Una familia con suerte (2011), Mi pecado (2009), Tormenta en el paraíso (2007/08), Salomé (2001/02), Nunca te olvidaré (1999) (primera parte), Marisol (1996), o Clarisa (1993), por mencionar algunas, que no puedo comentar más a fondo porque mi cultura televisiva es más bien limitada). Así tenemos entonces que el futuro del país está ya hipotecado, reconocido y premiado, y que de una manera u otra su salida será la televisión. O en otras palabras, si queremos saber qué será de nuestro país en unos años, podemos sintonizar hoy mismo el canal nacional de nuestra elección: ahí se transmiten sin pausa los deseos colectivos, los alcances de la imaginación común, las aspiraciones de un pueblo en su camino a la conquista de la felicidad. Yo acabo de asomarme a uno de esos canales –el de las estrellas, para ir al grano— con tal de salir de la duda. Lo que pude atisbar queda más allá de lo comunicable. A ese panorama futurista, pavoroso, de lo que vendrá –las situaciones y los roles que serán modelos de reproducción conductista para las siguientes generaciones— sólo el silencio le puede hacer justicia.

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2 respuestas a Este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso para fines distintos a los establecidos en el programa.

  1. vic dijo:

    Que tal buen dia preocupado por la cantidad de basura que estamos generando y que perjudica a nuestro planeta me permito comentar esta pequeña nota:creo que si se ase un convenio con las empresas que generan basura atrabes de los contenedores de alimentos en el cual podria ser que la gente junte 10 envases de leche u otro producto y la empresa se la retribuya con con un litro de leche etc.Esto podria disminuir basura en las calles y en los tiraderos ya que ellos mismos podrian procesarla para sus nuebos envases gracias.

  2. Me parece muy interesante tu blog. Lo voy a poner entre mis favoritos. Saludos

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