El ruco

Por Roberto Zamarripa

10 de septiembre de 2014

Ofuscado, Gustavo Madero achaca a una “guerra de narrativas” la erosión ética y política del partido que encabeza.

Según el victimizado político, el PAN enfrenta trascendidos, acusaciones sin denuncias, delitos sin testimonios, “cobardes difamaciones sin voz y sin rostro” que alimentan la “política del espectáculo y de la trivialización”.

Tirado al piso -en realidad, en la lona- Madero clama por que sean presentadas denuncias ante la autoridad para proceder y también por que se proteja “la dignidad” de las personas cuando se intente difamar.

Si bien se le entendió, don Gustavo ya no siente lo duro sino lo tupido. Tal parece que promueve una iniciativa para que en redes sociales exista una norma que difumine el rostro de los diputados panistas cuando bailan quebradita con señoritas de Vallarta.

A la vez, en su cruzada por la dignificación de las raterías, Madero parece querer prohibir la difusión de fotografías de los castillos y mansiones que construyen sus legisladores con dinero de los mexicanos, votantes y no votantes del panismo.

El ruco (antónimo de bato, usual en el lenguaje del polemista Madero) considera que los actos de corrupción si bien existen en el panismo son “comportamientos individuales o licenciosos”.

El eufemismo pretende atajar a la averiguación previa. Los define como actos individuales porque de lo contrario serían tipificados como delincuencia organizada y si se siguen de largo a quienes los encubren, ya sea desde la oficina de asesores o desde la mismísima presidencia del partido, los andarían acusando de encubrimiento o por lo menos de cómplices por omisión.

Madero alega que la explosión pública de vínculos de panistas con actos ilegales (tráfico de influencias, enriquecimiento “inexplicable”, extorsión, soborno, fraude con recursos públicos, abuso de autoridad) son torpedos de una “guerra de narrativas”.

Y sus soldados y coroneles ya están maltrechos, dolidos.

Desde que se inventaron las narrativas se acabaron los estatutos.

Cuando Madero llegó a la presidencia del PAN, ese partido ya estaba descosido. La corrupción en esa organización viene de lejos. Tiene razón. Los panistas no la patentaron… pero cómo la perfeccionaron.

La estrategia panista de coparticipación en las decisiones de gobierno fomentó la pauta del cochupo y el ventajismo. Si el Jefe Diego pacta, por qué yo no. Y se desgranó la mazorca. Ya en el poder -estatal, pero sobre todo federal-, los panistas asumieron que los recursos públicos tienen destino privado.

El problema no es el desempeño en la Olimpiada. Si el PRI tiene medalla de oro en corrupción y el PAN se queda con la plata. Vaya consuelo.

El asunto es el atragantamiento, la voracidad, la prisa. Los nuevos ricos tienen color azul.

El perfil de la corrupción fue modificándose en el panismo. De ser línea política terminó en hábito. Pero vino el amafiamiento. Los dineros de casineros y de las mafias entronizaron a los líderes parlamentarios y -hasta que se demuestre lo contrario- a la presidencia del panismo.

El PAN pasó a manos ajenas y quedó en el juego de la ruleta. Si bien en las gestiones federales de Vicente Fox y Felipe Calderón los consejos directivos estatales y nacional eran una extensión de la administración pública (se daban plazas de burócratas gemelas a la plaza en el Consejo Directivo, y con ello se garantizaba el voto para la perpetuación interna), pronto los dineros privados e ilegales ganaron la apuesta.

No, don Gustavo. La corrupción en el PAN no es individual o licenciosa. Es estructural. Es el motor que le da vida a la actividad partidaria. Con dinero (malhabido) baila el voto. Que ni qué.

Madero no quiere verlo porque, justamente, fue encumbrado con ese oleaje, con el mar contaminado, fétido. Sus soldados, ascendidos a generales, son los que han desprestigiado al panismo. Villarreal, Villalobos, Preciado, y quien quiera agregársele.

El presidente del partido perdió la oportunidad de la corrección. Ni una pizca de autocrítica. Ni un dato de vergüenza. Eso, llanamente, es cinismo y en términos jurídicos y políticos, complicidad.

 

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