Policía militar, ¿en serio?

Por Miguel B. Treviño

3 de noviembre de 2014

En materia económica a uno le pueden gustar o no las reformas del actual sexenio, pero se tiene que reconocer que es una vertiente del quehacer público en el que las iniciativas estatales cumplen con un mínimo de seriedad: hay soporte en prácticas internacionales, referencias a las posturas de los expertos y un lenguaje común con los conocedores.

En materia de seguridad al gobierno federal y a los gobernadores les gusta de vez en cuando aventarnos ocurrencias, puntadas que igual y pegan.

La última es el lanzamiento de una “Policía Militar”, supuestamente impulsada por la Secretaría de la Defensa Nacional, que arrancará de manera piloto en Nuevo León y estados vecinos, para después replicarse en todo el país.

La formalidad no le ha alcanzado a los implicados para dar una explicación medianamente completa, de lo que hay detrás de la idea. Qué la justifica y hacia dónde va.

Dice Jorge Domene, el vocero del gobernador nuevoleonés, Rodrigo Medina, que se trata de “una estrategia nacional que se está implementando y decidieron tomar como primer caso a Nuevo León porque ha sido un Estado que logra conjuntar a su sociedad y gobierno para poder hacer proyectos”.

¿Así o más ranchero el planteamiento?

En el resto del mundo es el policía (no el soldado) el que está formado para articular esfuerzos con la población civil.

Sólo en México se nos ocurre que la preparación para ir a la guerra y para defendernos contra invasiones extranjeras es la capacitación pertinente para proteger al peatón, asegurar la paz pública y disuadir el delito.

Para seguir improvisando, salta al ruedo el tesorero estatal nuevoleonés a decir de dónde van a salir los recursos, la carreta delante de los bueyes: primero juntan dinero y luego justifican su uso.

El cuartel costará 420 millones de pesos, albergará de entrada a 3 mil 200 elementos, estará en la Séptima Zona Militar en Escobedo, N.L., y el sector privado nuevoleonés aportará 150 millones de pesos.

Como una nota de pie de página, de nuevo el vocero estatal nuevoleonés aclara que estos militares serán “adiestrados como civiles”, patrullarán calles y tendrán facultades para hacer detenciones.

Para seguir aportándole al caos informativo, una semana después de lanzada la ocurrencia, finalmente el gobernador de Nuevo León señala que los nuevos policías-soldados sí estarán en temas de seguridad nacional porque cuidarán instalaciones estratégicas como el gasoducto Los Ramones.

En el apogeo de un triunfalismo hueco, un empresariado contentado con su autoridad estatal en Nuevo León, y dispuesto a darle cheque en blanco al Ejército para lo que sea, echan a andar un proyecto de implicaciones importantísimas sólo porque en alguna sobremesa les sonó bien a todos.

Faltándole el respeto a la sociedad, no se responden las interrogantes más básicas:

 

1. ¿Cómo se tomó la decisión?

2. ¿Por qué crear una nueva figura en lugar de fortalecer lo que se tiene, además si Fuerza Civil se publicita como el mayor éxito del actual gobierno de Nuevo León?

3. ¿Quiénes, con nombre y apellido, son los promotores de la idea y cuáles son los casos de éxito internacional que se tomaron como referencia y sustento de la propuesta?

4. ¿Cómo se reclutará a los nuevos elementos?

5. Si parte del sustento es cuidar instalaciones estratégicas para la actividad industrial, ¿qué no fue creada precisamente para ello la Gendarmería?

6. ¿Cuál es el basamento jurídico de la idea?

El Artículo 109 de la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos especifica cuáles pudieran ser las condiciones, y con qué tareas específicas puede justificarse una policía militar en casos de emergencia. No es para lidiar con civiles, sino para el resguardo de instalaciones militares y para facilitar la operación de las Fuerzas Armadas.

Alarma la frivolidad y el ambiente de improvisación para procesar una iniciativa de esta naturaleza.

El país arde y queremos seguir resolviendo los problemas de seguridad nacional y de seguridad pública con las notas que cupieron en una servilleta tras la sobremesa.

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