Los urbicidas

Por Sergio Aguayo Quezada

8 de noviembre de 2014

Con un abrazo para Diego Valadés.

El urbicidio es la destrucción deliberada de una urbe. Se ha hecho común en las guerras; al Distrito Federal se le está agrediendo con la complacencia y complicidad de la izquierda que gobierna.

El 20 de octubre Miguel Ángel Mancera removió a Simón Neumann como secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi). Cuando entró al cargo se insistió en posibles conflictos de interés por su largo historial como constructor. Durante su polémica gestión se confirmaron los pronósticos y se multiplicaron las quejas de los vecinos de centenares de barrios y colonias deterioradas por miles de construcciones que brotaron como hongos para disfrute de las constructoras. Seduvi fue coronada, sin misa ni ritual, como la Santa Patrona de los Depredadores Urbanos, mientras Mancera y la Asamblea Legislativa del DF se hacían los desentendidos.

Enrique Fernández del Valle es un vecino que estudia a la capital porque la ama (es uno de los promotores de Suma Urbana). Él me entregó un paquete de datos tomados de la Gaceta Oficial del DF para documentar una conspiración urdida por unos cuantos para beneficiarse con el suelo capitalino. El entramado confirma que, en el mejor de los casos, Neumann incurrió en un grave conflicto de interés.

En la Ley de Desarrollo Urbano y en su Reglamento existe un concepto aparentemente inocuo llamado “transferencia de potencialidades”. Los propietarios de un edificio o un predio pueden hacer un trámite ante la Seduvi para añadirle más pisos a la construcción o reducir el espacio verde a cambio de una contribución en dinero que se entrega a un Fideicomiso del Gobierno del DF que, en teoría, lo utiliza para la preservación de otros lugares (es un misterio el destino de los fondos recaudados durante los últimos años).

En realidad, la Seduvi maneja la “transferencia de potencialidades” de una manera opaca. Se desconocen los criterios que emplea aunque sí es posible asegurar que ha favorecido discrecionalmente a socios, amigos o benefactores. Lo demostraré comparando seis propiedades que redujeron área libre por medio de esta práctica entre 2013 y 2014 . Una pertenece a la Orden de los Predicadores (los dominicos) que realiza desde hace décadas una encomiable pastoral universitaria en el conocido Centro Universitario Cultural pegado a la UNAM. Las otras cinco son propiedad de Banca Mifel que tiene entre sus objetivos el “desarrollo urbanístico”.

Los dominicos afectaron 75 metros cuadrados y Banca Mifel 3,886. La verdadera disparidad aparece cuando se compara el potencial de construcción, es decir, los pisos que se podrían construir sobre ese terreno. Los frailes podrán utilizar el permiso para edificar hasta 225 metros; en cambio Banca Mifel y sus socios hasta 107,268 en las zonas más exclusivas de la capital. Por ejemplo, en la Torre del Ángel, de Paseo de la Reforma 342, Mifel le pagó al GDF 99 pesos por metro adicional construido; los dominicos 2,283 pesos. La diferencia porcentual de 2,206% muestra un trato preferencial de la Seduvi a Banca Mifel posiblemente debida a que Neumann fue integrante del ¡Consejo Hipotecario del Grupo Financiero Mifel!

Pese a estos conflictos de interés, el jefe de Gobierno encargó a Neumann dar seguimiento a los Centros de Transferencia Modal que serán polos de “desarrollo” urbanístico. Es erróneo que quien supervisará es quien otorgó la concesión cuando dirigía Seduvi, a través de la paraestatal Calidad de Vida, a dos empresas españolas (Inveravante y Desarrollo Urbanístico Chapultepec S.A.P.I. de C.V. de BBVA Bancomer) en una de las zonas de más plusvalía capitalina. Por cierto, fue una concesión en la que la Contraloría del DF encontró diversas irregularidades. La ciudad requiere modernizarse, es cierto, pero los capitalinos debemos tener certeza que las construcciones no están sirviendo para la especulación urbanística que termina destrozando la ya vapuleada calidad de vida.

¿Qué le pasa a la izquierda en el gobierno? Tuvo que suceder la tragedia de Iguala para que empezara a tomar medidas para frenar la infiltración del crimen organizado en sus filas. Por ahora se quedan impávidos ante una corrupción que los está devorando en la capital. Le deseo a Miguel Ángel Mancera una pronta recuperación de sus males físicos y le sugiero que aproveche este reposo obligado para reconsiderar si seguirá haciéndose el desentendido hacia un urbanismo salvaje que corrompe a gobierno y partido.

Colaboraron Paulina Arriaga Carrasco y Enrique Calzada Villanueva.

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