México, su Estado y los cuasi estados

Por Lorenzo Meyer

15 de noviembre de 2014

· DESAPARICIONES

Las palabras parecen insuficientes para captar plenamente una tragedia donde se mezclan brutalidad, corrupción, ineptitud, cinismo, avidez e irresponsabilidad históricas. En Iguala no sólo se asesinó a 6 personas y desaparecieron 43 estudiantes, también se perdió la esencia del Estado.

· SOBERANÍAS

En México hoy conviven y chocan dos poderes que se comportan como si ambos fuesen soberanos, es decir, que sólo rinden cuentas a sí mismos. Uno es el Estado formal, corrupto, ineficiente y débil, y el otro es el conjunto de pequeños cuasi estados o feudos criminales que a sangre y soborno han conquistado porciones de nuestra geografía y que, además, están en guerra permanente entre ellos.

Hoy, el Estado formal es apenas una estructura patrimonial, extractiva en beneficio de muy pocos, endeble, que opera más con reglas no escritas que constitucionales y sin más proyecto que su propia reproducción. Al mismo tiempo, el conjunto de cuasi estados, soberanos en el territorio que controlan, tienen sus propios ejércitos y administradores, son de naturaleza totalmente criminal, con reglas brutalmente violentas y con un proyecto claro: doblegar al Estado formal para construir, mantener y ensanchar una economía ilegal y depredadora. Estos poderíos delictivos, por sus formas de operar, son hoy el obstáculo más visible, que no único, para la convivencia social segura, digna y productiva.

Los feudos criminales ejercen un dominio directo sólo en regiones pero sus efectos nocivos se dejan sentir en todo el país. El Estado formal y los cuasi estados ilegales conviven en medio de tensiones y choques pero también de acuerdos ilícitos pero efectivos, auténticos “pactos contra México”.

· EL LIDERAZGO

Hoy, el Estado formal y debilitado está encabezado por el PRI de siempre y con los apoyos de siempre -el de las élites económicas, la burocracia, la televisión, los grandes sindicatos, etcétera. Por su parte, los cuasi estados criminales tienen un liderazgo forjado en un feroz proceso de selección darwiniano, donde el fracaso y los errores se pagan con la vida. Esos liderazgos son producto de la ambición y la audacia, de la descomposición social y de una asociación con la clase empresarial “legal” para convertir la riqueza ilícita en lícita.

El examinar de cerca a los dirigentes de los cuasi estados es meterse de lleno en un mundo de horror y, sobre todo, de los procesos de captura de trozos del Estado formal -gubernaturas, alcaldías, policías, militares- por el criminal. Tomemos como ejemplo el caso abordado por Juan Carlos Reyna y Farrah Fresnedo en El Extraditado (Grijalbo, 2014), producto de entrevistas en la cárcel a uno de los grandes capos del narcotráfico clásico: Benjamín Arellano Félix (BAF), cabeza del cartel de Tijuana.

· LO MALO FUE EL ENTORNO

Según un estudio psicológico hecho a BAF tras su ingreso a prisión en 2002, en él no había nada singular -católico, con educación preparatoria, hijo de una familia de ingresos modestos y numerosa pero integrada, que le inculcó el hábito del trabajo-, el problema fue el entorno. A los 16 años empezó a “trabajar” como contrabandista de whisky y electrodomésticos en Culiacán, es decir, en la zona de impunidad de personajes como Miguel Ángel Félix Gallardo o Rafael Caro Quintero. El joven contrabandista entendió que narcotraficantes y autoridades formaban ya una sola estructura y él, un emprendedor ambicioso, decidió que el futuro estaba no en el contrabando menor sino en las drogas prohibidas.

· LA ÉTICA DEL TRABAJO

Según él mismo, BAF fue narcotraficante mas no adicto. Su obsesión es un “negocio” rentable como pocos: 100 mil dólares por kilo es la ganancia de llevar la cocaína desde la selva colombiana hasta las calles de Nueva York. El valor del mercado mundial de cocaína se calcula, según Reyna, en 38 000 millones de dólares anuales, de los cuales poco, un 20%, ingresa a México.

· EL PODER ILEGAL

BAF, como el resto de los capos, logró hacerse de esas partes del Estado que necesitaba: desde gobernadores hasta personajes del círculo íntimo de un Presidente. ¿Cómo? Usando la violencia y pagando. Según su dicho, en los 1990 pagó millón y medio de dólares mensuales al personaje cercano al gobierno federal, medio millón al hombre de la PGR en el estado y 250 mil dólares a los jefes locales de la policía judicial federal y del ejército. El capo creó su propio ejército con reclutas tanto de México como de Estados Unidos e instructores extranjeros, lo uniformó y disciplinó con la asistencia de un ex comandante de la judicial federal. Este brazo armado dio a BAF poder de vida o muerte en su zona y lo ejerció impunemente por años en más de un millar de casos.

Los jefes de los cuasi estados pueden caer, como le sucedió a BAF, pero su estructura perdura. Y sus inversiones están aseguradas, al punto que la multa que le impuso la justicia norteamericana -cien millones de dólares- simplemente no pudo hacerse efectiva porque Washington no pudo o no quiso encontrarlos.

· EL DESAFÍO

Hoy es general la conciencia que la impunidad y la corrupción endémicas son las bases de la compleja y muy dañina convivencia actual entre un Estado formal pero corrupto, contradictorio e impotente y los brutales cuasi estados criminales. El reto es imaginar cómo transformar la movilización que ha provocado el horror de Iguala en el punto de quiebre para regenerar al Estado, neutralizar a los feudos criminales y superar esta etapa de miedo, rabia, humillación y desilusión.

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