¿Nada que esconder?

Por Denise Dresser

24 de noviembre de 2014

No es un tema de una casa o de cuánto gana una actriz. El tema de la “Casa Blanca” perteneciente a los Peña Nieto-Rivera es un asunto medular para México. Tiene que ver con el conflicto de interés, con la relación entre empresarios y el gobierno, con los vínculos de una televisora y el poder político, con la forma en la cual se celebran y se revocan licitaciones en el país. Tiene que ver con la manera en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder político y económico en México. De forma irregular. Opaca. Discrecional. Sin rendir cuentas o haciéndolo a cuentagotas.

El gobierno de Enrique Peña Nieto vive una crisis y muy grave; un escándalo que en otros países hubiera llevado ya a la dimisión del Presidente. Pero Peña Nieto y su esposa la han subestimado. Han respondido torpe y tardíamente. El histriónico video de la primera dama sólo exacerba los problemas que ella misma creó. No sólo por el tono indignado, enojado, condescendiente. No sólo porque le falta comprender que desde el momento en que usa y dispone de un solo peso público, está sujeta al escrutinio legítimo aunque no sea “servidora pública”. No sólo porque elude el meollo del asunto que es el conflicto de interés en el que incurre. No sólo porque deja de informar cómo conoció al Sr. Hinojosa -dueño de la constructora Higa- sino ignora el hecho de que ha ganado múltiples licitaciones al arropo del poder de su esposo, como gobernador y como Presidente.

Si Angélica Rivera realmente no tiene nada que esconder, que lo pruebe y no sólo con una actuación de 7 minutos vía un video. Supongamos que su declaración fiscal “complementaria” del 2010 es verídica. Pero dado todo lo que ha ocurrido en torno a este caso, no es paranoia pensar que la declaración pudo llenarse y manipularse directamente en la página del SAT. Que su contenido es perfectamente manipulable. Que el propio secretario de Hacienda o el jefe del SAT hubieran podido alterar el sello digital que aparece en la primera hoja. Y por ello, para disipar dudas y en aras de la transparencia, es necesario que se exhiban ante la opinión pública los siguientes documentos: 1) La declaración “normal” correspondiente al propio año; 2) El contrato de exclusividad con Televisa que derivó en el pago de 130 millones de pesos; 3) Las constancias de retención del 10% del ISR que efectuaron Televisa, Televisa Talento y el banco. Todo ello para constatar que los pagos a los que alude la primera dama en su video son reales.

Por otra parte, con respecto al “préstamo” de la casa de Palmas que le hizo Televisa, constituye un ingreso en servicio para efectos de la Ley del ISR. Por eso Angélica Rivera debe exhibir inmediatamente sus declaraciones anuales desde el 2004 hasta el 2008. También debe explicar -en cuanto a la compra del inmueble en Sierra Gorda- cómo se realizó el pago. Si fue en efectivo, con cheque, o mediante transferencia bancaria. Asimismo debe exhibir el pago del ISAI a la Tesorería del DF, y si no se realizó, que explique por qué para así verificar la certidumbre de la compra del terreno y las condiciones de la operación.

Y finalmente Televisa debe responder si pagó o no a Angélica Rivera la cantidad de $130 millones por un “contrato de exclusividad”. La empresa ha guardado silencio y genera suspicacia que lo haga. Tiene que dar un sencillo “sí” o “no”. Si respondiera que “sí”, al cotizar en la Bolsa de Valores estadounidense podría tener problemas con el Securities and Exchange Commission por conflicto de intereses y corrupción, dada la desproporción del pago. Y si dijera “no” evidenciaría que Angélica Rivera está mintiendo.

Esta es la información que el Presidente y su cónyuge y la empresa para la cual trabajó tan arduamente necesitan proporcionar. Para disipar las múltiples dudas que aún persisten. Para enfrentar la crisis en la cual se encuentran y ante la cual no hay otra salida que la transparencia total. Aunado a una disculpa pública por el error de juicio que fue construir una casa así y en esas condiciones cuestionables. Acompañado de la remoción del secretario de Comunicaciones y Transportes por haber avalado la licitación amañada del tren México- Querétaro en favor del Grupo Higa. Aunado a la prohibición al Grupo Higa de participar en cualquier licitación pública en lo que resta del sexenio. Acompañado de la donación del dinero producto de la venta de la casa a alguna buena causa. Y más allá de estas acciones, la principal. El reconocimiento por parte de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera de que la rendición de cuentas no es una concesión. Es una obligación.

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