DF: rehén del centralismo, renuncias y elecciones

12 de enero de 2015

Por Ricardo Pascoe

Llamó poderosamente la atención una reunión la semana pasada del jefe de Gobierno del DF con todos los jefes delegacionales en la cual se les “instruyó” renunciar antes del 18 de enero “en  bloque” para poder sustituirlos con interinos que le serán fieles a los trabajos y programas del gobierno central, pensando en las elecciones del próximo 7 de junio. Para el jefe de Gobierno es  una oportunidad única para colocar a sus incondicionales como jefes delegacionales, con la probable excepción de las dos de oposición (Cuajimalpa y Benito Juárez).

Incluso, en una de las delegaciones perredistas, Miguel Hidalgo, el secretario de Gobierno colocará a su hermano como interno, habida cuenta que es, actualmente, director general de Administración en esa demarcación. La idea es que todo quede bajo control central y, de ser posible, en familia. Existe, en la Ciudad de México, un centralismo administrativo y político que no existe en ningún otro estado de la República. ¿Cómo no sorprenderse del control político que emana de un modelo de gobernanza urdido en los bajos fondos de la corrupción y la manipulación social?

Por otro lado, 2015 será el año en que el gasto social se elevará como nunca se había visto en la historia del Distrito Federal.  Del total del presupuesto, 25% se dedicará a programas sociales.

Ningún otro estado de la república podría hacer tal cosa. Ese gasto está en proporción directa al miedo que el PRD le tiene a la división del voto de la izquierda, y al avance de Morena en la Ciudad de México. Es patético constatar cómo ese cálculo político-presupuestal contó con el aval del PAN en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, partido que, a su vez, se llevó la promesa de una tajada de recursos, después de haber convenido con el GDF no hacer una alianza con el PRI en la ciudad. Prefiriendo su papel de partido opositor bajo la premisa de que es un buen negocio para unos cuantos líderes, el PAN descartó la posibilidad de crear un frente opositor que hubiera cambiado el futuro de la ciudad y la composición político-numérica de la próxima Asamblea Legislativa del DF. La mirada corta de pequeños líderes.

El GDF logró desactivar la alianza PRI-PAN y se vanagloria de ello. Adicionalmente, busca otros aliados para hacer frente a la amenaza morenista. Se preocupa por muchas delegaciones y distritos, pero particularmente por Iztapalapa y Cuauhtémoc. Iztapalapa es una reserva de votos y recursos que es capaz de definir el futuro de la ciudad, en  términos electorales, por el número de distritos federales y locales que contiene.  Sin Iztapalapa bajo su control, el PRD y GDF pierden una parte sustancial de la gobernabilidad de la ciudad.  Por otro lado, Cuauhtémoc es el nervio central de la ciudad que, si bien no es contundente en términos del número de votos, sí lo es en términos de su importancia económica y urbana.  La zona Reforma, Tlatelolco, Zócalo y Centro Histórico, Roma, Condesa, zona administrativa de Doctores, ZODE “cultural” Chapultepec-Insurgentes, entre otras áreas, componen la zona céntrica de la ciudad. De ahí que Morena propone a Ricardo Monrealpara ocupar la jefatura delegacional, por la proyección que ofrecerá como un duro líder opositor en la ciudad, además de haber sido gobernador de Zacatecas, aunque no es claro si eso es bueno o malo. De ganar, se colocaría como futuro candidato a la Jefatura de Gobierno en la ciudad, por parte de su partido, en abierta disputa con el PRD.  En 2015 ya se está pensando en 2018.

La decisión de remover a todos los jefes delegacionales, con el compromiso de solicitar licencia definitiva, no temporal, es para que el GDF pueda manejar las delegacionales según su conveniencia política y electoral. Esta decisión centralista sugiere una duda gigantesca acerca del tipo de gobierno que merece la ciudad. ¿Para qué otorgarle una “reforma política” a la Ciudad de México si lo único que se logrará es consolidar un régimen centralista y autoritario, basado en la corrupción y la manipulación? En la propuesta de la reforma política del DF no hay elementos que nos permiten suponer que las cosas se harán de otra manera, más abierta a la democracia y pluralidad.

Antes que la reforma política, debemos cambiar la correlación de fuerzas en la ciudad. Incluye un llamado a los partidos a ser audaces, proponiendo candidatos ciudadanos que puedan ofrecer una visión distinta de la capital desde la Asamblea Legislativa y las delegaciones. Y apoyando candidaturas independientes.

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