La corrupción institucionalizada

Por Salvador Camarena

Publicado el 6 de abril de 2015 (El financiero)

Pase lo que pase, David Korenfeld es un cadáver político. La suerte del todavía director de la Conagua está echada, pero en todo caso el destino de ese funcionario es lo de menos, pues el daño al país está hecho. Desde la semana pasada Korenfeld simboliza uno más de los capítulos de lo que ya deberíamos empezar a nombrar como la nueva era de la corrupción institucionalizada*.

Si usted está leyendo esto es casi imposible que no se haya enterado del affaire Korenfeld. Pero como el periodismo ordena no asumir que el lector tiene los antecedentes, aquí van: director de Conagua usa helicóptero oficial para viaje privado–Lo cachan–Intenta disculpa médica–Las redes lo hacen trizas pues no es creíble su versión–Diario informa que funcionario tenía reservaciones en Vail y que uso de helicóptero coincide con viaje a EU–La Función Pública inicia investigación–Carcajadas.

Si Korenfeld sigue en su puesto no es porque el presidente Peña Nieto lo vaya a dejar ahí. Incluso alguien como él –que no comprende la magnitud del daño que ha hecho a su gobierno el tema de los contratistas/caseros– sabe que su amigo y colaborador es insostenible.

No lo ha cesado por una sola razón: necesita que termine de consumirse en la pira de las redes sociales. Si Korenfeld sigue en su chamba es sólo porque ha de caer cuando más convenga sacrificarlo (pueden ser horas o días). El presidente lo conservará el tiempo necesario en aras de que se vuelva una coartada, un ejemplo a modo que este gobierno usará para demostrar que sí entienden, que son sensibles, que comprenden el clamor de una sociedad que a pesar de todo rechaza el cinismo. Entonces Virgilio Andrade despedirá a Korenfeld, pero ellos por su parte le dirán: licenciado, te consta que no fue posible retenerte.

Pero no te preocupes, salvo perder la chamba, nada malo pasará. Aguanta.

Incluso si mi profecía es incorrecta, si Korenfeld mantuviera su chamba, ello, insisto, sería lo de menos. El daño a la imagen de México está hecho.

El despido o la permanencia de Korenfeld nada cambiará, pues lo realmente grave es lo que permitió que el hecho mismo se diera.

Al saberse descubierto, Korenfeld dijo en Twitter: “Cometí un error inexcusable al utilizar un helicóptero de Conagua para transportarme al AICM. Ofrezco por ello una disculpa pública”. No es así. El abuso de Korenfeld es todo menos un error, y para nada es inexcusable, palabra que significa “que no tiene disculpa”. Antes que un error sin disculpa, la licencia que Korenfeld se dio es un hecho totalmente consistente con el actuar del gobierno federal. En su descargo, Korenfeld podría demostrar que lo que hizo encuadra, a la perfección, con la discrecionalidad con que esta administración ha actuado, por ejemplo, en el caso de las casas de Las Lomas, de Ixtapan y de Malinalco.

Si formas parte de un gobierno que no ha tenido empacho en dejar claro su desprecio a una opinión pública que ha visto en casos como el de las casas un flagrante ejemplo de conflicto de interés, entonces qué tan grave puede ser que uses el helicóptero oficial para un ride familiar. Y si fue la de malas y te cachan, pues pagas y ya, por qué tanto alboroto. Tú sólo seguiste el ejemplo de tus superiores. Tú sólo hiciste algo que no desentona en el ambiente de corrupción institucionalizada que es, todo indica, lo de hoy en nuestro país.

*Término usado por Javier Cercas en Anatomía de un instante al hablar del franquismo.

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